La niña tenía tres años cuando le pidió a Zeus que nunca la obligara a casarse.
Esa es la historia oficial.
Artemis tenía siete años cuando Zeus la llevó al bosque por primera vez.
—¿Ves esa ninfa? —le señaló una figura entre los árboles.
Era hermosa. Joven. Embarazada.
—Se llama Calisto —dijo Zeus—. Era una de mis... amigas. Pero ahora Hera sabe de ella.
Artemis vio el miedo en los ojos de la ninfa.
—¿Qué va a pasar?
—Hera va a castigarla —Zeus suspiró—. Brutalmente. A ella y al bebé. A menos que...
—¿A menos que qué?
Zeus le puso un arco en las manos. Pequeño. Perfecto para dedos infantiles.
—A menos que alguien la mate antes. Rápido. Sin dolor. Una flecha limpia es mejor que años de tortura, ¿no crees?
Artemis miró a Calisto. La ninfa la miró de vuelta.
Suplicando.
—Pero papá... ella no hizo nada malo.
—¿No? Zeus frunció el ceño. Sedujo a un hombre casado. Destruyó un matrimonio. ¿Eso no es malo?
—Pero tú también...
—Yo soy un dios, Artemis. Los dioses tienen diferentes reglas. Las mujeres como Calisto... necesitan aprender que hay consecuencias.
Zeus tomó las pequeñas manos de Artemis. La ayudó a tensar el arco.
—Si no lo haces tú, lo hará Hera. Pero será peor. Mucho peor.
—¿Y si no quiero?
Zeus se agachó hasta su altura. Su voz se volvió muy suave.
—Entonces significaría que prefieres que las mujeres sufran antes que tomar decisiones difíciles. ¿Es eso lo que quiere mi niña valiente?
Artemis soltó la flecha.
Calisto cayó inmediatamente.
Zeus abrazó a Artemis mientras ella lloraba.
—Has sido muy valiente —le susurró—. Has salvado a esa pobre mujer de algo peor. Eres una cazadora ahora.
Esa noche, Zeus le dijo que podía pedir lo que quisiera.
—Nunca quiero casarme —sollozó Artemis.
—¿Por qué, pequeña?
—Porque si me caso, tendré que matar a las mujeres que se enamoren de mi marido. Como tú me hiciste hacer.
Zeus sonrió.
—Concedido.
Artemis nunca se casó.
Pero se pasó la vida cazando mujeres.
Porque Zeus le había enseñado que eso era protegerlas.